Protagonistas:
Ernesto Gómez Cruz
María Rojo
Salma Hayek
Bruno Bichir
Delia Casanova
Daniel Giménez Cacho
Claudio Obregón
Luis Felipe Tovar
Tiaré Scanda
Margarita Sanz
Juan Manuel Bernal
Ernesto Gómez Cruz
María Rojo
Salma Hayek
Bruno Bichir
Delia Casanova
Daniel Giménez Cacho
Claudio Obregón
Luis Felipe Tovar
Tiaré Scanda
Margarita Sanz
Juan Manuel Bernal
Esteban Soberanes
Óscar Yoldi
Abel Woolrich
Óscar Yoldi
Abel Woolrich
El filme está dividido en cuatro episodios. Todos transcurren en el
escenario central de la callejuela que se llama como el filme mismo; los
tres primeros se centran en personajes epónimos, pero en verdad hay
muchas historias paralelas. En el primer episodio, “Don Rutilio”, un
patriarca tiránico y machista decide dedicarse a la homosexualidad y se
consigue un efebo para tal fin; su hijo, el Chava, no puede soportarlo y
ataca al amante de su padre. El segundo, “Alma”, es la historia de una
espectacular y deseada nínfula del callejón: enamorada de Abel (que
parte hacia EE. UU. para acompañar a su amigo Chava en desgracia), luego
de un fallido compromiso matrimonial, es seducida por José Luis, obvio
cafiolo elegante; cuando ella se da cuenta de la trampa en que ha caído,
lo abandona, indignada, pero finalmente vuelve a él y acepta
prostituirse. El tercero, “Susanita”, es el cruel relato de cómo una
solterona irredenta trata de cumplir sus sueños románticos. En el
cuarto, “El regreso”, como su nombre lo sugiere, las historias
anteriores se anudan y concluyen. Veremos hasta qué punto.
Como se puede deducir de estos bruscos resúmenes, se trata de relatos
“pintorescos”, tributarios de un costumbrismo que, por suerte, nunca se
desbarranca hacia el epigonal “realismo mágico” de tantos textos
latinoamericanos actuales (literarios y fílmicos). En esto tiene que
ver, seguramente, la novela original del egipcio Naguib Mahfouz, pero
también la adaptación, a cargo del escritor mexicano Vicente Leñero,
especialista en reconstruir historias “no ficcionales” y en el registro
del habla coloquial, de la cual el filme abusa un poco, por cierto.
Sin embargo, lo más interesante de El callejón... es su estructura.
Porque la división en episodios no es neta, cortante, lineal; las
historias se van entroncando, desarrollándose unas sobre otras hasta el
punto de que algunas escenas se repiten, vistas desde diferentes ángulos
de cámara/puntos de vista. El tiempo narrativo vuelve hacia atrás
varias veces, a un momento ya visto, y sigue desde allí su curso (como,
salvando las distancias, en The Killing de Stanley Kubrick). Esto
desacomoda saludablemente al espectador, que a veces no sabe exactamente
dónde (cuándo) está parado. Pero, sobre todo, produce un efecto de
relativa circularidad, de temporalidad cerrada y asfixiante, como la
vida en el callejón, de la que todos quieren salir pero a la que todos
regresan de una manera u otra. De todo esto es emblema el juego de
dominó con el que empiezan los capítulos (¿es el mismo, es otro?): como
el truco para Borges, con su eterna repetición de jugadas y dichos,
alude a la eternidad, pero también a un estancamiento vital, a la
insuperabilidad del destino marcado. “Las cartas no mienten”, dice la
fraudulenta adivina, pero a su manera tiene razón.
Hasta acá, el melodrama, por supuesto. ¿Y la transgresión?
Hay grietas por las que se cuela lo indecible, lo indecidible. Alma
quiere tener relaciones sexuales por primera vez y para eso provoca a su
novio Abel, que no tolera la iniciativa de ella y le replica: “No, tú
tienes que decirme que no quieres...” Más tarde, cuando Alma se entera
de que José Luis quiere convertirla en una puta fina, reacciona con la
moralina y el honor mancillado de una heroína de culebrón... pero
vuelve, sin que haya ninguna explicación verbalizada sobre ello.
Tampoco hay explicación para la transición sexual del brutal don
Rutilio, personaje en el que el tradicional machismo mexicano se
resquebraja sin piedad. Y en la fulguración de los cuerpos desnudos de
Rutilio y su efebo, en el baño para hombres, el melodrama pierde —por
fin— su consistencia genérica, su esencial conformismo ideológico. Es
para celebrar.
Alumnas:
Mayra Mychelle Cruz Hernandez
Priscilla Moreno Pichardo
Gpo. 004
Alumnas:
Mayra Mychelle Cruz Hernandez
Priscilla Moreno Pichardo
Gpo. 004
